Cuando no pueda rastrear su mano
«Porque mis pensamientos no son los vuestros, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos.»
Isaías 55:8-9
Charles Spurgeon, el predicador londinense del siglo XIX conocido como «el príncipe de los predicadores», solía repetir una idea sencilla pero difícil de vivir: cuando no pueda rastrear la mano de Dios en lo que le sucede, confíe en su corazón. No pedía entender primero; pedía confiar primero.
Isaías 55 explica por qué esa confianza tiene sentido y no es solo un consuelo vacío. Dios mismo declara que sus pensamientos y caminos están tan por encima de los nuestros como los cielos lo están de la tierra — no como una forma de distanciarse, sino como una explicación honesta de por qué su plan a veces no coincide con lo que nosotros esperaríamos.
Spurgeon predicó buena parte de su vida cargando con una salud frágil y episodios profundos de depresión, de modo que esta idea no era, para él, una frase bonita dicha desde la comodidad. La aprendió precisamente en los tramos donde el camino de Dios se veía menos lógico, no en los tramos fáciles.
Si hoy hay algo en su vida que no logra entender — una puerta cerrada, una espera que se alarga, una respuesta que no llega como la pidió — este versículo no promete que lo va a entender pronto. Promete algo distinto: que los caminos que no alcanza a rastrear siguen siendo, con toda certeza, más altos y no más bajos que los suyos.
Para pensarlo hoy
- Nombre algo que hoy no logra entender del todo en su vida o su situación.
- Distinga entre no entender el camino y dudar del corazón de quien lo traza.
- Elija confiar antes de exigirse entender, como hizo Spurgeon en sus propios tramos oscuros.