Cuando el cuerpo falla, hay algo que no se mueve
«Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.»
Salmo 73:26
El salmista no está describiendo un buen día. Habla de un corazón y un cuerpo que desfallecen, que llegan al límite. Es una confesión honesta de agotamiento, no una frase optimista dicha desde la comodidad. Y es justo ahí, en el desfallecimiento, donde declara que Dios sigue siendo la roca de su corazón.
Eso significa que la fortaleza que sostiene no viene de que el cuerpo aguante o de que las fuerzas alcancen. Viene de una porción que no depende de la condición física ni emocional del día. Dios no promete que nunca desfallecerás; promete ser la roca cuando eso ya está ocurriendo.
Para pensarlo hoy
- Reconozca sin miedo si hoy sus fuerzas están al límite.
- Recuerde que desfallecer no lo aleja de Dios, es precisamente donde Él se sostiene.
- Declare hoy que Dios es su porción, incluso si su cuerpo o ánimo no lo sienten así.