Deleitarse en Dios cambia lo que tu corazón desea
«Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.»
Salmo 37:4
Este versículo suele leerse como una fórmula: deléitate en Dios y a cambio obtendrás lo que pides. Pero el orden importa. No es una transacción donde el deleite es el precio de un premio; es una promesa sobre lo que ocurre cuando el corazón realmente se acerca a Dios. Cuando te deleitas en alguien, empiezas a querer lo que esa persona quiere.
Por eso «las peticiones de tu corazón» dejan de ser solo tus planes originales. Al pasar tiempo deleitándote en Dios, tus propios deseos se van alineando con los suyos. Dios no cambia tu lista de peticiones desde afuera; las transforma desde dentro, mientras aprendes a disfrutarlo a Él antes que a sus respuestas.
Para pensarlo hoy
- Nombre lo que hoy más desea que Dios le conceda.
- Pregúntese si ese deseo nació de pasar tiempo con Dios o de otra fuente.
- Dedique un momento a deleitarse en quién es Dios, antes de pedirle algo.