Una fe que no se cansó de pedir: grande es tu fe
Por Giovany Quintero
«Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fué sana su hija desde aquella hora.»
Mateo 15:28 · Reina-Valera 1909
Jesús se había retirado a la región de Tiro y de Sidón, fuera del territorio judío, cuando una mujer cananea salió a su encuentro. Clamaba: «Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio» («malamente» significa gravemente) (Mateo 15:22). No era judía ni conocía las costumbres de la sinagoga, pero llamó a Jesús «Señor» e «Hijo de David», un título mesiánico.
Lo que sigue es desconcertante: «Mas él no le respondió palabra» (v. 23; «él» es Jesús). Los discípulos le piden que la despida, y él dice que fue enviado «á las ovejas perdidas de la casa de Israel» (v. 24). Cuando ella se postra —«¡Señor, socórreme!»—, él responde con una frase que a oídos modernos suena muy dura: no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos (v. 26). Tres respuestas que, a ojos de cualquiera, eran un «no», y ella no se fue.
Su respuesta es de una humildad firme: «Sí, Señor; mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores» (v. 27). No discute el orden ni se ofende; se aferra a lo que sí cree: que en la mesa de Jesús hay suficiente, aun para las migajas. Entonces Jesús dice las palabras de este versículo: «Oh mujer, grande es tu fe». Aquí no lo dice de uno de sus discípulos ni de un líder religioso, sino de una mujer extranjera y sin credenciales.
Su fe no fue ruidosa ni segura de sí misma: fue persistente. Siguió pidiendo cuando no había señales de respuesta. Si usted lleva tiempo orando por alguien a quien ama —un hijo, un esposo, una madre— y siente que el cielo calla, esta mujer le recuerda que la fe a veces consiste en no soltar la petición. Y el desenlace: «Y fué sana su hija desde aquella hora».
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos de esperanza y consuelo.
Para pensarlo hoy
- Piense en la petición por la que más tiempo lleva orando y renuévela hoy, sin cansarse.
- Distinga entre el silencio de Dios y su ausencia: la mujer siguió acercándose.
- Aprenda de su humildad: pida sin exigir y confíe en que en la mesa de Jesús hay suficiente.
- Ore hoy por alguien más con la misma insistencia con la que oraría por usted.