No se limite a escuchar a su alma abatida, háblele
Por Giovany Quintero
«¿Por qué te abates, oh alma mía, y te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar por las saludes de su presencia.»
Salmo 42:5 · Reina-Valera 1909
Martyn Lloyd-Jones nació en 1899 en Cardiff, Gales, y se formó como médico en Londres. En 1927 dejó la medicina para ser pastor, primero en Aberavon, en el sur de Gales, y desde 1939 en la Capilla de Westminster, en Londres, donde predicó hasta 1968. Muchos señalan que su experiencia como médico se notaba en su manera de predicar: describía con claridad las dolencias del alma antes de presentar la respuesta de la Biblia.
En 1965 se publicó un libro basado en sus sermones sobre la depresión espiritual (en inglés, «Spiritual Depression»), que parte justamente de este versículo. Su enseñanza central, resumida sin citarlo literalmente, es que gran parte del abatimiento viene de dejar que el alma hable sin responderle: en lugar de limitarse a escuchar lo que el ánimo dice, hay que decirle al alma qué debe recordar.
Eso es lo que hace el salmista. Los versículos 1 al 4 son una queja: sed de Dios, lágrimas que fueron su pan «de día y de noche» y la burla de quienes preguntan «¿Dónde está tu Dios?». En el versículo 5 cambia de voz: deja de escuchar al alma y le habla —«¿Por qué te abates?»— y le da una orden: «Espera á Dios». No niega su tristeza, pero tampoco la deja gobernar: la interroga y la dirige hacia Dios. Fíjese en la razón: «porque aun le tengo de alabar», una afirmación hacia adelante, dicha cuando todavía no hay motivo visible.
Conviene decirlo con claridad: esto no sustituye la ayuda de un médico o de un profesional cuando el desánimo es profundo o prolongado; la fe y la atención médica no se oponen. Pero como práctica diaria, este versículo ofrece algo valioso: dejar de ser oyente pasivo de los propios pensamientos y empezar a dirigirlos hacia la esperanza en Dios.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos de esperanza y consuelo.
Para pensarlo hoy
- Escriba tres cosas que su ánimo le repite hoy y respóndales con una verdad de la Biblia.
- Diga en voz alta “Espera á Dios, alma mía” y añada una razón concreta por la que aún puede alabarle.
- Si el desánimo es profundo o prolongado, hable con alguien de confianza y con un profesional de la salud.