Hay una sed que el pozo de siempre no calma: Jesús la conoce
Por Giovany Quintero
«Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.»
Juan 4:14 · Reina-Valera 1909
Una mujer samaritana llega a sacar agua a un pozo en Sicar «como la hora de sexta» (Juan 4:6), es decir, hacia el mediodía, una hora en la que, según suele señalarse, poca gente iba a buscar agua. Jesús, cansado del camino, está sentado allí y le pide de beber. Ella se sorprende: un judío que habla con una samaritana, y a solas (v. 9). La conversación que sigue es larga, personal y sin prisas.
Jesús responde con una oferta inesperada: «Si conocieses el don de Dios… tú pedirías de él, y él te daría agua viva» (v. 10). Ella toma la frase al pie de la letra («el pozo es hondo», v. 11); Jesús habla de otra sed. El agua del pozo calma la sed de hoy y hay que volver mañana; el agua que Jesús ofrece se convierte en una fuente dentro de quien la recibe. La imagen del versículo 14 no es la de un cántaro que se llena otra vez, sino la de un manantial que brota.
Más adelante, Jesús le muestra que conoce su historia (vv. 16-18) —había tenido cinco maridos y ahora vivía con un hombre que no era su marido— sin condenarla y sin cortar la conversación. Jesús no le ofrece agua viva después de arreglar su pasado: se la ofrece estando ella como está. Y ella responde con algo que muchas mujeres reconocen: «Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacarla» (v. 15).
El final del relato confirma la diferencia: ella dejó su cántaro, volvió a la ciudad y dijo a todos: «Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?» (vv. 28-29). Quien había ido a evitar a la gente regresa a buscarla, y «muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer» (v. 39). Cuando alguien bebe de esta agua, deja de esconderse y empieza a compartir.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre el amor de Dios.
Para pensarlo hoy
- Identifique de qué “pozos” ha estado bebiendo (aprobación, trabajo, relaciones, ocupaciones) y dígaselo a Jesús con honestidad.
- Recuerde que él ya conoce su historia completa: no necesita ordenarla antes de acercarse.
- Pídale hoy, como ella: «Señor, dame esta agua».
- Piense en una persona con quien podría compartir lo que ha encontrado en él.