Una justicia que se recibe por fe
Por Giovany Quintero
«Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe.»
Romanos 1:17 · Reina-Valera 1909
Martín Lutero nació en 1483 en Eisleben, Alemania, y se hizo monje agustino y profesor de Biblia en Wittenberg. En 1517, con sus noventa y cinco tesis sobre las indulgencias, desencadenó el movimiento que se conocería como la Reforma. Tradujo el Nuevo Testamento al alemán (1522) y dejó una obra escrita enorme.
Años después, en un prólogo a sus obras en latín (1545), Lutero contó que durante mucho tiempo la expresión «la justicia de Dios» le resultaba aterradora, porque la entendía como la justicia con que Dios castiga al pecador. Su vida cambió, según su propio relato, al comprender que Pablo hablaba de una justicia que Dios da y que se recibe por fe. Los historiadores discuten cuándo ocurrió exactamente y cuánto de aquel relato es fiel a los hechos, pero la idea fue el centro de su enseñanza.
Eso es lo que dice Romanos 1:17: en el evangelio «la justicia de Dios se descubre de fe en fe» («se descubre» es aquí se revela). Pablo cita después a Habacuc 2:4 («mas el justo en su fe vivirá»). El versículo no describe una justicia que se logra con esfuerzo y se presenta ante Dios, sino una que Dios revela y la persona recibe.
Lutero no enseñó que la fe sustituya la vida obediente, sino que las buenas obras nacen de la fe y no al revés. Si hoy carga con la sensación de que debe ganarse el favor de Dios, el versículo le propone un cambio de orden: primero recibir, después vivir.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre el perdón y la gracia.
Para pensarlo hoy
- Lea Romanos 1:16-17 completo y subraye cada vez que aparece la palabra «fe».
- Pregúntese qué “méritos” intenta presentar ante Dios y entrégueselos.
- Actúe hoy desde lo recibido: una obra concreta de servicio como respuesta, no como pago.