Un corazón inquieto que reposa en Dios
Por Giovany Quintero
«Alma mía, en Dios solamente reposa; porque de él es mi esperanza.»
Salmo 62:5 · Reina-Valera 1909
Agustín nació en el año 354 en Tagaste, en el norte de África, y en su juventud buscó el éxito, el placer y distintas filosofías antes de convertirse al cristianismo hacia el año 386. Fue obispo de Hipona desde el 395 y murió en el 430, mientras los vándalos asediaban la ciudad. Es uno de los pensadores cristianos más influyentes de la historia.
Su obra más conocida, las «Confesiones», escrita a partir del 397, se abre con una idea que se ha repetido durante siglos: el corazón humano fue hecho para Dios y no descansa hasta reposar en él. Las traducciones de la frase varían según la edición, pero resumen bien su experiencia: una búsqueda larga y agitada que termina en Dios.
Esa es la tensión del Salmo 62. David se habla a sí mismo: «Alma mía, en Dios solamente reposa». No pide a Dios que calme su alma desde fuera; le ordena a su propia alma que repose, y da la razón: «de él es mi esperanza». El versículo 1 del mismo salmo lo expresa de otro modo: «En Dios solamente está acallada mi alma». La palabra «solamente» pide que el reposo no se reparta entre varias esperanzas.
Lo que Agustín describe no es el descanso de quien tiene todo resuelto, sino el de quien deja de buscar en otras cosas lo que solo Dios puede dar. Pregúntese hoy dónde busca reposo —el trabajo, la aprobación, el propio descanso— y qué cambiaría si ese reposo se apoyara primero en Dios.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre confiar en Dios.
Para pensarlo hoy
- Nombre dónde busca descanso cuando está inquieto y pregúntese si ese lugar basta.
- Dígale a su propia alma en voz alta: «Alma mía, en Dios solamente reposa».
- Reserve unos minutos hoy sin pedir nada, solo para estar delante de Dios.