Firmes y constantes, sin trabajo en vano
Por Giovany Quintero
«Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.»
1 Corintios 15:58 · Reina-Valera 1909
George Whitefield nació en Gloucester, Inglaterra, en 1714, y fue uno de los predicadores más conocidos del siglo XVIII. Estudió en Oxford, donde se unió al llamado «Club Santo» y trató a John y Charles Wesley, y se ordenó en la Iglesia de Inglaterra. Desde 1739 predicó también al aire libre, ante multitudes en Gran Bretaña y en las colonias de América del Norte, a donde viajó varias veces.
Murió en 1770, a los 55 años, y se calcula que predicó más de dieciocho mil sermones formales. La cifra es una estimación tradicional, pero señala algo cierto: su ministerio fue una sucesión de jornadas largas y repetidas, más que un único momento extraordinario. Predicaba sobre la necesidad de nacer de nuevo y sobre la gracia de Dios, y lo hacía una y otra vez.
1 Corintios 15:58 cierra un capítulo entero sobre la resurrección. Después de explicar que Cristo ha resucitado (15:20) y que los creyentes también resucitarán, Pablo concluye con una orden práctica: «estad firmes y constantes». La constancia nace de la esperanza: si la resurrección es real, el trabajo en el Señor «no es vano».
La constancia de Whitefield no fue vistosa; consistió en repetir con fidelidad lo mismo. Si hoy su trabajo —en casa, en la iglesia, en el empleo— le parece pequeño o poco visto, el versículo le recuerda que lo hecho «en el Señor» no se pierde. Y le pide algo sencillo: seguir, con firmeza, un día más.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos de fortaleza y ánimo.
Para pensarlo hoy
- Identifique una tarea pequeña y repetida a la que hoy puede ser fiel.
- Recuerde la razón de su constancia: la resurrección de Cristo, no el aplauso.
- Descanse sin culpa: ser constante incluye reposar para poder seguir.