El primer paso no es corregir su corazón, es dejar de confiar en él a ciegas
Por Giovany Quintero
«Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?»
Jeremías 17:9 · Reina-Valera 1909
Timothy Keller, pastor y autor que fundó una iglesia en pleno centro de Nueva York, dedicó buena parte de su enseñanza a explicar cómo el corazón humano fabrica “ídolos” a partir de cosas buenas —el trabajo, la familia, la aprobación de otros— que terminan ocupando en secreto el lugar que le corresponde a Dios. Insistía en que el problema no es solo lo que hacemos mal, sino en qué confiamos sin darnos cuenta.
Este versículo no describe un corazón ocasionalmente equivocado; lo llama «engañoso… más que todas las cosas». La pregunta que sigue, «¿quién lo conocerá?», no es retórica: reconoce que ni la propia persona logra ver con claridad sus motivaciones reales.
La enseñanza de Keller sobre los ídolos del corazón parte exactamente de aquí: si el corazón engaña, entonces “seguir lo que el corazón dicta” no es una brújula confiable. Hace falta algo, o Alguien, fuera de uno mismo para ver lo que el propio corazón esconde.
Esto no es una invitación a la desconfianza paralizante, sino a la honestidad: antes de asumir que sus deseos e intuiciones son automáticamente correctos, vale la pena preguntarse qué está buscando realmente detrás de ellos, y llevar esa pregunta a Dios, no solo resolverla a solas.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre confiar en Dios.
Para pensarlo hoy
- Nombre una decisión reciente donde asumió que su corazón tenía razón sin cuestionarlo.
- Pregúntese qué “ídolo” cotidiano podría estar detrás de un deseo fuerte que siente hoy.
- Lleve esa pregunta a Dios en oración, en lugar de resolverla solo con introspección.