Dios no solo da refugio, Dios es el refugio
Por Giovany Quintero
«Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fuerte mío, en él confiaré; escudo mío, y el cuerno de mi salud, mi refugio.»
Salmo 18:2 · Reina-Valera 1909
El encabezado del Salmo 18 lo sitúa «el día que le libró Jehová de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl». David escribe desde la experiencia de haber sido perseguido durante años, escondiéndose en cuevas y peñascos del desierto (1 Samuel 22–24). No elige estas imágenes por estética: roca, castillo, escudo y refugio son los lugares concretos donde él mismo había encontrado protección.
Note el verbo del medio: «en él confiaré». Las imágenes de la primera parte describen lo que Dios es; esa frase es la respuesta de David, y es una decisión, no un sentimiento. Un refugio solo protege a quien corre hacia él. Antes de este versículo, el salmista dice: «Amarte he, oh Jehová, fortaleza mía» (v. 1): la confianza nace de una relación, no de una fórmula.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos de fortaleza y ánimo.
Para pensarlo hoy
- Elija la imagen que más necesita hoy (roca, castillo, escudo o refugio) y dígaselo a Dios.
- Recuerde una ocasión en la que Dios fue refugio para usted y agradézcaselo.
- Dé un paso concreto de confianza: entregue a Dios la situación que más le amenaza.