Esperar en Dios no es quedarse quieto sin rumbo
Por Giovany Quintero
«Esperé yo á Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado.»
Salmo 130:5 · Reina-Valera 1909
El Salmo 130 empieza «de los profundos», en angustia real, y va pasando del clamor a la espera. La repetición —«esperé… esperó… he esperado»— no describe resignación pasiva, sino una espera sostenida y deliberada, apoyada en algo concreto: «su palabra», no en que la circunstancia cambiara primero.
Vale la pena distinguir entre esperar que Dios haga algo específico y esperar en Dios mismo, en lo que él ha dicho. La primera depende del resultado; la segunda puede sostenerse incluso mientras la respuesta todavía no llega, porque descansa en su carácter, no en el desenlace.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos de esperanza y consuelo.
Para pensarlo hoy
- Nombre lo que hoy está esperando de Dios y note en qué basa esa espera.
- Distinga entre esperar un resultado concreto y esperar en la palabra de Dios.
- Repita hoy, como el salmista, «esperé… esperó mi alma», como una decisión, no solo un sentimiento.