Una promesa para todos los días, no solo los buenos
Por Giovany Quintero
«…enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.»
Mateo 28:20 · Reina-Valera 1909
Son las últimas palabras registradas de Jesús en el Evangelio de Mateo, dichas justo antes de su ascensión. No es un detalle menor: si alguien elige con cuidado sus palabras finales, estas lo son. Y eligió una promesa de compañía, no una lista de advertencias.
«Todos los días» no distingue entre los días fáciles y los difíciles, los de fe fuerte y los de duda. La promesa cubre exactamente los mismos días que ya está viviendo hoy, sean cuales sean, sin condición previa de ánimo o desempeño.
Esta promesa no llega sola, llega unida a un envío: «id, y doctrinad á todos los Gentiles» (es decir, enseñar y hacer discípulos). Jesús no promete su compañía como un consuelo aislado, sino como el respaldo para una misión concreta. Quien sale a hacer lo que Jesús mandó, no sale solo.
Y termina con «hasta el fin del mundo», sin fecha de caducidad más cercana. No es una promesa para una temporada difícil que eventualmente termina; es una promesa que acompaña toda la extensión de la vida y la misión, sin excepción de época.
Si quiere conocer el contexto original y el significado detallado de este pasaje, lea el estudio del significado de Mateo 28:20.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos de esperanza y consuelo.
Para pensarlo hoy
- Note que esta promesa no distingue entre días buenos y malos; cubre literalmente «todos».
- Recuerde que la compañía de Cristo está unida a la misión que dejó, no es un consuelo separado de ella.
- Piense en qué cambiaría hoy si actuara con la certeza de que no está solo en lo que hace.
- Descanse en que esta promesa no tiene fecha de caducidad: llega «hasta el fin del mundo».
