Entre la multitud, Jesús se detuvo por ella
Por Giovany Quintero
«Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.»
Marcos 5:34 · Reina-Valera 1909
Llevaba doce años con un flujo de sangre. Había gastado todo lo que tenía en médicos y, en lugar de mejorar, había empeorado. Según la ley ritual de Levítico 15, su condición la dejaba en impureza y limitaba su contacto con los demás: además de la enfermedad, cargaba con el aislamiento. Por eso se acerca por detrás, entre la multitud, pensando: «si tocare tan solamente su vestido, seré salva».
Lo toca y queda sana en el acto. Podría haberse ido sin que nadie lo notara, y probablemente eso quería. Pero Jesús se detiene y pregunta quién lo ha tocado. Los discípulos se extrañan: la multitud lo aprieta por todos lados. Jesús no pregunta para exponerla, sino para encontrarse con ella. Ella viene «temiendo y temblando» y le dice toda la verdad.
Y la primera palabra que recibe es «Hija». Después de doce años de ser evitada, lo primero que oye de Jesús es una palabra de pertenencia. Él nombra su fe (confianza, no un contacto mágico con el manto) y añade más que la sanidad que ya había recibido: «ve en paz».
Hay situaciones que aíslan: una enfermedad, una vergüenza, un silencio sostenido durante años. Esta escena muestra que Jesús ve a la persona, no solo el problema, y que la paz que ofrece no espera a que todo esté resuelto.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre la paz.
Para pensarlo hoy
- Nombre algo que ha intentado resolver sola durante mucho tiempo.
- Acérquese a Jesús hoy sin esperar estar “presentable”, como hizo ella.
- Cuéntele toda la verdad: él no pidió explicaciones para exponerla, sino para encontrarla.
- Reciba la palabra «hija» como un nombre que él le da, no como una etiqueta de su problema.