Solo necesita la fuerza de hoy
«Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.»
Lamentaciones 3:22-23
Es curioso que una de las frases más esperanzadoras de toda la Biblia venga del libro más triste. Lamentaciones no suaviza nada: describe hambre, destrucción, humillación, un pueblo entero que ha perdido lo que creía que nunca perdería. Y justo en medio de esa oscuridad, en el capítulo más largo y más oscuro del libro, aparece este respiro.
El autor no llega a esta frase después de que el dolor terminara. Llega a ella todavía dentro del dolor — apenas unos versículos antes había escrito «mi alma está abatida dentro de mí» (v.20). No es alguien que superó la tristeza y ahora escribe en retrospectiva. Es alguien que, en medio de la misma tristeza, encuentra algo que sigue siendo verdad a pesar de ella.
Y lo que encuentra tiene un detalle que a menudo se pasa por alto: las misericordias de Dios son nuevas cada mañana. No es que las de ayer se hayan estirado para alcanzar hasta hoy, ni que las de hoy tengan que rendir hasta mañana. Cada día llega con su propia provisión, exactamente del tamaño de lo que ese día necesita. Eso significa que usted no tiene que cargar hoy con la fuerza que necesitará la próxima semana, ni lamentar no haber tenido ayer la paz que siente hoy.
Esto cambia la forma de enfrentar un duelo o una temporada difícil que no tiene fecha de fin clara. No se trata de reunir de golpe toda la fuerza para todo el camino por delante. Se trata de recibir, cada mañana, exactamente lo que ese día trae consigo — ni más, ni menos.
Si hoy su dolor sigue presente, igual que el del autor de Lamentaciones, no necesita fingir que ya pasó para acercarse a esta promesa. Puede sostener el duelo en una mano y la fidelidad de Dios en la otra, como él lo hizo, en el mismo respiro.
Para pensarlo hoy
- No exija que el dolor termine primero. Esta esperanza nació en medio del duelo más profundo, no después de él.
- Reciba solo la provisión de hoy. No necesita anticipar si le alcanzará para mañana.
- Permítase sostener el duelo y la fe al mismo tiempo, como hizo el autor de este pasaje.
- Empiece el día reconociendo que la fidelidad de Dios llegó nueva otra vez, sin depender de cómo terminó el día anterior.
