Mi paz os doy
«La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.»
Juan 14:27Hay noches que uno no elige, y esa fue una de ellas para Jesús. Horas antes de la cruz, sabiendo exactamente lo que le esperaba —la traición de uno de los suyos, el abandono de casi todos los demás, el dolor físico y espiritual más grande que un hombre pueda cargar— se detiene a decir esto: «mi paz os doy.» No lo dice después de resolver el problema. Lo dice en medio de él, la noche más oscura que iba a vivir.
Y eso cambia por completo cómo debemos leer ese versículo. Si Jesús hubiera esperado a que las circunstancias mejoraran para hablar de paz, entenderíamos que la paz depende de que las cosas se acomoden. Pero la ofrece en el peor momento posible, y eso solo tiene sentido si esa paz no depende de nada externo. ¿Se da cuenta de lo que significa eso para usted hoy?
Ojo con esto: enseguida Jesús aclara algo importante, casi como si supiera que lo íbamos a confundir: «no como el mundo la da.» La paz del mundo es una paz de balance —depende de que las cuentas cuadren, de que la salud aguante, de que la relación se arregle. Es una paz condicional, y por eso se rompe tan fácil. La que Jesús ofrece no espera a que el problema desaparezca para instalarse.
He acompañado a personas en las peores noches de su vida —hospitales, funerales, decisiones que nadie quiere tomar— y le voy a decir algo que he visto una y otra vez: la paz real casi nunca llega cuando el problema se resuelve. Llega antes, en medio de él, como una presencia que sostiene el corazón cuando la circunstancia no da tregua. «No se turbe vuestro corazón» no es una sugerencia de actitud positiva; es una instrucción que solo es posible cuando hay Alguien más grande que la circunstancia sosteniéndolo por dentro.
¿Y usted? ¿Está confundiendo la ausencia de paz con la presencia de un problema, como si fueran lo mismo? No lo son. Puede tener un problema real, sin resolver, complicado, y aun así tener el corazón tranquilo, porque la tranquilidad no depende de la situación sino de quién la sostiene con usted. Eso es exactamente lo que Jesús estaba viviendo esa noche.
Si esta noche su situación sigue exactamente igual que ayer, y no hay ninguna señal de que vaya a cambiar pronto, quiero que sepa algo: este versículo no fue escrito para cuando todo esté resuelto. Fue escrito la noche antes de la cruz, para el momento exacto en el que usted está ahora. La paz que Jesús ofrece no está esperando el final de su historia para llegar. Ya está disponible, hoy, en medio de lo que todavía no entiende.
Para pensarlo hoy
- Nombra lo que esperas que cambie para sentir paz, y pregúntate si puedes tenerla antes de que cambie.
- Distingue el problema del corazón turbado. Puedes tener un problema real sin tener el corazón turbado por él.
- Recibe la paz como un regalo, no como un logro. El versículo dice «os doy», no «consigan».
- Vuelve a esta frase cuando la ansiedad suba: «no como el mundo la da».