Silueta de un hombre con los brazos abiertos frente a un atardecer dorado
10 Octubre

Devocional del día
Gálatas 2:20 · Una vida vivida desde el amor recibido
Gálatas 2:20

No ya yo: vive Cristo en mí

Por Giovany Quintero

«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí.»

Gálatas 2:20 · Reina-Valera 1909

Este versículo suena, a primera vista, como una pérdida: «vivo, no ya yo». Pero Pablo no lo presenta como una desaparición triste de la personalidad. Lo presenta como un cambio de centro. La vida que sigue no es menor, es distinta: ahora la sostiene Cristo, y no la lucha por probar quién es uno.

El punto de partida es un hecho, no un esfuerzo: «con Cristo estoy juntamente crucificado». Pablo no dice “me estoy crucificando a mí mismo con fuerza de voluntad”. Habla de algo que ya ocurrió por su unión con Cristo. Desde ahí se vive, no hacia ahí. Esa diferencia quita mucha carga.

Y la vida nueva se vive «en la fe del Hijo de Dios». Es decir, apoyada en él, no en el propio desempeño. Pablo no dice que ahora se esfuerce menos; dice que su esfuerzo tiene otra raíz. La fuente ya no es el intento de merecer, sino la confianza en quien lo amó primero.

El versículo culmina en lo personal: «el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí». Ese «me» y ese «por mí» son la clave. Pablo no habla de un amor genérico a la humanidad, sino de un amor que recibió con nombre propio. Vivir desde ahí es muy distinto de vivir para ganarse un lugar.

Si quiere conocer el contexto original y el significado detallado de este pasaje, lea el estudio del significado de Gálatas 2:20.

Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre el amor de Dios.

Para pensarlo hoy

  1. Reciba la cruz como un hecho cumplido, no como una tarea que deba completar con su fuerza.
  2. Pregúntese sobre qué raíz está viviendo hoy: el deseo de merecer o la confianza en Cristo.
  3. Diga en voz alta «me amó, y se entregó á sí mismo por mí», con su propio nombre en el centro.
  4. Actúe hoy desde ese amor recibido, no desde la necesidad de demostrar nada.

Oración

Señor Jesús, gracias porque me amaste y te entregaste por mí. Que hoy mi vida no descanse en mi esfuerzo por merecerte, sino en tu vida en mí y en la fe que me das. Amén.

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