No ya yo: vive Cristo en mí
Por Giovany Quintero
«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí.»
Gálatas 2:20 · Reina-Valera 1909
Este versículo suena, a primera vista, como una pérdida: «vivo, no ya yo». Pero Pablo no lo presenta como una desaparición triste de la personalidad. Lo presenta como un cambio de centro. La vida que sigue no es menor, es distinta: ahora la sostiene Cristo, y no la lucha por probar quién es uno.
El punto de partida es un hecho, no un esfuerzo: «con Cristo estoy juntamente crucificado». Pablo no dice “me estoy crucificando a mí mismo con fuerza de voluntad”. Habla de algo que ya ocurrió por su unión con Cristo. Desde ahí se vive, no hacia ahí. Esa diferencia quita mucha carga.
Y la vida nueva se vive «en la fe del Hijo de Dios». Es decir, apoyada en él, no en el propio desempeño. Pablo no dice que ahora se esfuerce menos; dice que su esfuerzo tiene otra raíz. La fuente ya no es el intento de merecer, sino la confianza en quien lo amó primero.
El versículo culmina en lo personal: «el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí». Ese «me» y ese «por mí» son la clave. Pablo no habla de un amor genérico a la humanidad, sino de un amor que recibió con nombre propio. Vivir desde ahí es muy distinto de vivir para ganarse un lugar.
Si quiere conocer el contexto original y el significado detallado de este pasaje, lea el estudio del significado de Gálatas 2:20.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre el amor de Dios.
Para pensarlo hoy
- Reciba la cruz como un hecho cumplido, no como una tarea que deba completar con su fuerza.
- Pregúntese sobre qué raíz está viviendo hoy: el deseo de merecer o la confianza en Cristo.
- Diga en voz alta «me amó, y se entregó á sí mismo por mí», con su propio nombre en el centro.
- Actúe hoy desde ese amor recibido, no desde la necesidad de demostrar nada.
