Perdonamos porque fuimos perdonados
Por Giovany Quintero
«Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.»
Efesios 4:32 · Reina-Valera 1909
El versículo anterior pide quitar «toda amargura, y enojo, é ira, y voces, y maledicencia» (Efesios 4:31; «voces» son aquí gritos), y este pone en su lugar tres cosas: ser benignos, misericordiosos y perdonadores. La razón no es que el otro lo merezca, sino que Dios perdonó primero «en Cristo»: el perdón recibido es el modelo y el motivo de cada perdón que damos.
Perdonar no es decir que no dolió ni fingir que nada pasó, y tampoco implica que la confianza se restaure de un día para otro. Es soltar el derecho a cobrar lo que el otro debe, como Dios soltó el nuestro. Pablo lo presenta con un verbo que sigue en marcha, «perdonándoos»: se perdona poco a poco, pero se empieza con una decisión.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre el perdón y la gracia.
Para pensarlo hoy
- Ponga nombre a una deuda que sigue cobrando en su corazón.
- Recuerde cuánto se le ha perdonado antes de decidir cuánto soltar.
- Dé un paso concreto: orar por esa persona, escribirle o dejar de repasar la ofensa.