Dios no preguntó quién era el más capaz, preguntó quién estaba disponible
Por Giovany Quintero
«Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién nos irá? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame á mí.»
Isaías 6:8 · Reina-Valera 1909
Dwight L. Moody, zapatero de formación con muy poca educación formal, terminó convertido en uno de los predicadores más influyentes del siglo XIX. Solía decir que el mundo aún no había visto lo que Dios podía hacer con una persona plenamente disponible para él —no la más talentosa, sino la más dispuesta.
El llamado de Isaías empieza con una pregunta abierta, «¿a quién enviaré?», no con una lista de requisitos. La respuesta de Isaías tampoco enumera credenciales: «Heme aquí, envíame á mí» es disponibilidad pura, ofrecida antes de saber siquiera hacia dónde.
Moody encarnó esa misma lógica: no esperó sentirse suficientemente preparado antes de responder al llamado que sentía. Su convicción era que Dios usa a quien está disponible, y que la capacitación suele llegar después, en el camino, no antes como condición.
Es fácil posponer la respuesta a un llamado hasta sentirse lo bastante capacitado. Este versículo no pide currículum: pide una respuesta como la de Isaías, dicha antes de conocer los detalles, confiando en que quien envía también equipa.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre el miedo y la valentía.
Para pensarlo hoy
- Nombre un llamado que ha postergado esperando sentirse más preparado.
- Distinga entre falta de capacidad y falta de disponibilidad.
- Diga hoy, como Isaías, «heme aquí», incluso sin conocer todos los detalles.