Antes de necesitar algo de Dios, tenga sed de Dios mismo
Por Giovany Quintero
«Dios, Dios mío eres tú: levantaréme á ti de mañana: mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, en tierra de sequedad y transida sin aguas.»
Salmo 63:1 · Reina-Valera 1909
David escribió este salmo en el desierto de Judá, huyendo, sin comodidades —literalmente en «tierra de sequedad y transida sin aguas». Pero no empieza pidiendo agua: dice «Dios, Dios mío eres tú» antes incluso de describir su sed. El desierto físico se convierte en metáfora de una sed distinta: la de su alma por Dios mismo, no solo por lo que Dios puede darle.
«Levantaréme á ti de mañana» (es decir, a primera hora) no es lo último del día, después de resolver lo urgente; es lo primero, antes de que la jornada empiece a pedirle algo. Vale la pena distinguir entre buscar a Dios por algo y buscar a Dios a él mismo, sobre todo cuando la vida atraviesa su propia tierra seca.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre el amor de Dios.
Para pensarlo hoy
- Busque a Dios hoy antes de pedirle algo concreto.
- Identifique si su sed últimamente ha sido de Dios mismo o solo de lo que él puede resolver.
- Reconozca la «tierra de sequedad» actual de su vida como un lugar donde también puede buscarlo.