Esfuérzate y sé valiente
«Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.»
Josué 1:9Hermanos, esta semana, preparando este pasaje, me hice una pregunta: ¿por qué Dios le repite tantas veces la misma orden a Josué en un solo capítulo? «Esfuérzate y sé valiente» aparece una, dos, tres veces. ¿Será que Josué no escuchó la primera vez? No. Es que Dios sabía que el miedo iba a insistir en volver, y a veces una palabra no basta —hay que repetirla hasta que se quede.
Piénselo conmigo: Moisés, el único líder que Israel había conocido en cuarenta años, acababa de morir. Y a Josué le tocaba entrar a una tierra llena de ejércitos que no lo conocían ni lo iban a recibir con los brazos abiertos. ¿Usted cree que Josué no sentía miedo? Claro que sí. La valentía no es la ausencia de miedo, es lo que decides hacer con él presente. Eso me costó años entenderlo en el ministerio.
Y quiero ser directo con usted: muchos crecimos pensando que la fe fuerte es la que no tiembla, la que no duda. Pero cuando uno lee a los grandes de la Biblia —Moisés, Gedeón, el mismo Josué— todos tenían miedo antes de obedecer. La diferencia entre ellos y quienes se quedan quietos no es el miedo, es el siguiente paso que dan a pesar de él. Ojo con esto: Dios no le prometió a Josué un camino fácil. Le prometió compañía. «Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.» Eso fue lo único que sostuvo a un hombre que tenía todas las razones para paralizarse.
Conozco a personas en la iglesia que llevan años esperando sentirse listas antes de dar un paso que Dios ya les mostró con claridad. Y esa sensación de estar listo casi nunca llega antes de actuar —llega después, cuando ya diste el paso y descubres que sobreviviste. La fe no elimina la incertidumbre antes de moverte; te sostiene mientras te mueves sin tenerla resuelta.
¿Y usted? ¿Cuál es el paso que lleva meses posponiendo por miedo? No le pido que lo resuelva entero hoy. Josué no cruzó el Jordán de un salto —lo cruzó un pie después del otro, con el arca por delante y el pueblo detrás. Si hoy tiene una decisión que lleva tiempo evitando —una conversación, un cambio, una obediencia que sabe que le toca— le pido el primer paso, el que sí puede dar hoy.
Porque la promesa no es que le vaya a ir bien; la promesa es que no va solo. Y eso, para alguien que ha pasado noches enteras sin saber cómo iba a salir adelante —como pastor, como padre, como hijo de Dios— ha sido, más veces de las que puedo contar, lo único que necesitaba escuchar para levantarme al día siguiente.
Para pensarlo hoy
- Nombra el miedo específico. No «tengo miedo», sino de qué exactamente — decirlo en voz alta le quita poder.
- Da el paso que has estado posponiendo. No el paso completo, solo el primero.
- Responde al miedo con la promesa. Cuando hable, respóndele con «Jehová tu Dios estará contigo».
- Recuerda que valentía y miedo pueden coexistir. Josué sintió miedo — por eso necesitó la orden.