Fue hecha de forma formidable
«Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.»
Salmo 139:14
David escribe este salmo reflexionando sobre cómo Dios lo conoció y lo formó incluso antes de nacer — «tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre», dice unos versículos antes. No es una reflexión abstracta sobre la creación en general; es personal, dirigida a cómo él mismo fue formado, con intención y cuidado.
«Formidable» no es una palabra suave. Sugiere algo que impresiona, que sobrecoge, que no puede mirarse con indiferencia. Y David la usa para describir su propia existencia, no como un cumplido que se da a sí mismo, sino como una respuesta casi involuntaria de asombro ante lo que Dios hizo al formarlo.
Es fácil medir su propio valor por comparación — con lo que otras logran, con lo que los estándares de alrededor consideran deseable o suficiente. Este versículo ofrece una medida distinta, que no depende de comparación alguna: fue formada con la misma intención y cuidado formidable que David describe, no como una copia aproximada de otra persona, sino como algo que Dios mismo mira y considera maravilloso.
Esto no es una afirmación superficial sobre sentirse bien consigo misma. Es una declaración sobre el origen: que su existencia no fue un accidente ni una aproximación, sino obra de Alguien que hace las cosas formidablemente.
Para pensarlo hoy
- Note si hoy se está midiendo por comparación con otras personas.
- Recuerde que fue formada con intención, no como una aproximación de alguien más.
- Deje que la palabra «formidable» describa cómo Dios la ve, no solo cómo se ve usted misma.
- Agradezca hoy algo concreto de cómo fue hecha, en lugar de enfocarse en lo que le falta.