Orar sin maquillar el dolor
Por Giovany Quintero
«Y Anna le respondió, diciendo: No, señor mío: mas yo soy una mujer trabajada de espíritu: no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.»
1 Samuel 1:15 · Reina-Valera 1909
Ana vivía una pena larga y repetida: no tenía hijos y, cada año, durante el viaje al santuario, su rival Penina la provocaba. Ese año Ana llora y no come. Ora, dice el texto, «con amargura de alma», y su oración es tan intensa que solo se mueven sus labios y no se oye su voz.
El sacerdote Elí ve sus labios moverse y la confunde con una mujer ebria. Ana no se defiende con una frase elaborada ni se justifica con cortesía: responde con verdad. «soy una mujer trabajada de espíritu» («trabajada» significa aquí afligida). No finge una fe más tranquila de la que tiene.
«He derramado mi alma delante de Jehová» es una imagen de vaciar: no ordenar las palabras ni elegir las más adecuadas, sino poner delante de Dios todo lo que hay dentro. Es una oración que no necesita maquillaje, porque Dios no pide que le presentemos un dolor ya resuelto.
Fíjese en lo que cambia después: Elí la bendice, y el texto dice de Ana: «fuése la mujer su camino, y comió, y no estuvo más triste». Todavía no había nacido Samuel ni había respuesta visible. Lo que cambió fue haberlo dicho todo delante de Dios. No toda oración trae la respuesta ese día, pero algunas devuelven la paz antes que la respuesta.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre la ansiedad.
Para pensarlo hoy
- Diga hoy a Dios, con sus propias palabras y sin arreglarlas, lo que realmente siente.
- Note si suele orar solo lo “presentable” y calla lo que más le duele.
- Recuerde que Ana fue malinterpretada y aun así siguió orando: no deje de hacerlo por el qué dirán.
- Si lleva mucho tiempo cargando una pena, compártala con alguien de confianza que pueda orar con usted.