Echando vuestra ansiedad
«Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.»
1 Pedro 5:7
Hay una diferencia entre soltar algo con cuidado y lanzarlo lejos con fuerza. Cuando Pedro escribe «echando toda vuestra ansiedad sobre él», usa un verbo del segundo tipo — no es «deja tu ansiedad con suavidad a un lado», es algo más parecido a tirarla lejos de un solo movimiento, con decisión.
Este versículo no aparece solo. Justo antes, Pedro ha estado hablando de humildad: «humillaos… bajo la poderosa mano de Dios», citando además una promesa antigua: «Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes». Y es en ese contexto — no en un capítulo sobre técnicas para manejar el estrés — que llega el mandato de echar la ansiedad sobre Dios. Como si Pedro dijera: cargar su propia ansiedad es, en el fondo, una forma de orgullo — la creencia de que usted puede o debe sostenerla solo.
Piense en la imagen de alguien que llega a ayudarlo a mudarse, cargando también su propia mochila enorme y pesada a la espalda. Sería lógico decirle: «suéltala primero, y entonces sí podrás ayudarme.» Así funciona con Dios: mientras usted insiste en cargar su propia ansiedad, le cuesta más recibir la ayuda que Él quiere darle.
Y la razón que da Pedro no es «porque de todos modos no puedes hacer nada» — es mucho más personal: «porque él tiene cuidado de vosotros». No dice que a Dios no le importe el resultado. Dice que le importa usted.
Esto es, en realidad, algo que distingue a la fe cristiana de casi cualquier otra: la idea de un Dios que no solo existe, sino que genuinamente le importa lo que le pasa a usted. No es un dios distante al que hay que convencer de que se interese. Ya se interesa.
Si hoy carga una ansiedad que no ha soltado, tal vez el primer paso no es resolver el problema. Es lanzarlo, con decisión, hacia Aquel que ya dijo que le importa.
Para pensarlo hoy
- Note que «echar» es un verbo de acción decidida, no de dejar caer con suavidad.
- Reconozca la conexión entre orgullo y ansiedad acumulada: a veces cargamos solos por no querer depender ni siquiera de Dios.
- Recuerde la razón que da Pedro: no porque el problema no importe, sino porque usted le importa a Dios.
- Suelte hoy, con un acto concreto de oración, lo que ha estado cargando solo.
