Pídala a Dios
«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.»
Santiago 1:5Se lo digo por experiencia propia, detrás del púlpito: hay decisiones que he tomado sin pedir suficiente consejo, ni al Señor ni a nadie, solo porque me daba vergüenza admitir que no sabía qué hacer. Y casi siempre me costó caro. Santiago le escribe a una iglesia dispersa, enfrentando pruebas que no habían elegido, sin manual de instrucciones para ninguna de ellas. Y en lugar de darles una fórmula, les da algo más simple y, para muchos, más difícil de hacer: pedir.
¿Se ha fijado en la palabra «abundantemente»? Dios no entrega sabiduría racionada, comparando cuánto debería saber usted ya según su edad espiritual. Tampoco dice que la da «con reproche» —no hay un límite de preguntas antes de que se canse de usted. Puede pedir lo mismo cien veces, de cien maneras distintas, sin agotar su paciencia.
Lo incómodo es admitir en voz alta que no sabe. Vivimos entrenados para parecer que tenemos todo resuelto, sobre todo quienes estamos llamados a guiar a otros. Pero Santiago no empieza asumiendo que la falta de sabiduría es una excepción vergonzosa. Empieza asumiendo que es la condición normal de cualquiera que enfrenta algo genuinamente nuevo —un diagnóstico, una crianza, una decisión de trabajo, una crisis en el matrimonio.
Ojo con esto: pedir no es una señal de debilidad espiritual, aunque así se sienta. Es la instrucción explícita de este versículo. Lo que de verdad le deja sin recursos es la alternativa: fingir que ya sabe, decidir solo para no parecer débil, y descubrir meses después que ese orgullo le costó más de lo que hubiera costado simplemente preguntar. Pedir es el camino, no el último recurso al que llega cuando ya falló por su cuenta.
Recuerdo a un hermano de la congregación que pasó meses debatiendo una decisión importante sin pedir consejo a nadie, por orgullo, y terminó tomándola solo, a ciegas. Cuando finalmente lo habló conmigo, lo primero que le pregunté fue si ya se lo había pedido a Dios, con esas mismas palabras, sin adornos. ¿Ya se lo pidió usted?
Si hoy tiene una decisión sobre la mesa y no sabe qué hacer con ella, no le pido que la resuelva solo hoy. Le pido que la lleve primero a Dios, en oración simple, sin necesidad de un lenguaje elaborado. Y después, si hace falta, que la lleve también a alguien de confianza que pueda orar con usted y aconsejarle —Dios suele responder por más de un camino a la vez, y no siempre el que esperamos.
A veces la sabiduría no llega como una revelación instantánea, sino como una paz creciente hacia una dirección, o como una puerta que se cierra justo a tiempo. Ojo con esto: no siempre va a sentir que «ya sabe». Pero puede tener la certeza de que un Dios que promete dar sin reproche no lo va a dejar decidiendo completamente a ciegas.
Para pensarlo hoy
- Nombra la decisión concreta donde te falta sabiduría hoy.
- Pídela en oración, en palabras simples — no necesitas un lenguaje elaborado.
- Recuerda que puedes volver a pedir mañana si aún no está claro.
- Busca sabiduría también en la Palabra y en consejo sabio. Dios suele responder por más de un camino.