Lo que se desvanece y lo que permanece
«Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, esa será alabada.»
Proverbios 31:30
Este versículo cierra todo el poema sobre la mujer virtuosa de Proverbios 31, y lo hace de una forma que sorprende: después de describir su fuerza, su sabiduría, su trabajo, su generosidad, el poema no termina alabando su apariencia. La descarta explícitamente como la base de un elogio duradero.
«Engañosa» y «vana» no son insultos hacia la belleza en sí, sino una advertencia sobre su fiabilidad como fundamento de valor: la gracia externa puede engañar sobre quién es alguien realmente, y la hermosura, por su propia naturaleza, no dura. Construir la identidad sobre algo que se desvanece deja, tarde o temprano, con las manos vacías.
Lo que el proverbio ofrece en su lugar no es una alternativa mediocre, sino algo con una base distinta: el temor de Jehová, una reverencia y confianza en Dios que no depende de la edad, del espejo, ni de las tendencias de belleza de cada época. Eso es lo que el texto llama digno de alabanza duradera.
Vivir en una cultura que mide constantemente por lo visible hace fácil olvidar esto. Este versículo no le pide que deje de cuidarse; le recuerda dónde no debería construir su valor, porque ese cimiento, tarde o temprano, cede.
Para pensarlo hoy
- Note cuánto de su valor propio depende hoy de cómo se ve.
- Recuerde que la hermosura, por diseño, es pasajera, no un fundamento estable.
- Cultive hoy el temor de Jehová como lo que el proverbio llama digno de alabanza real.