Valentía que se declara antes de sentirla
«Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?»
Salmo 27:1
A veces pensamos que la fe fuerte se parece a no sentir miedo. Que si todavía tiembla la voz, si el estómago sigue apretado, si la preocupación no se ha ido, entonces algo está fallando en la manera de creer. Este versículo, leído junto con el resto del salmo, dice algo distinto.
David escribió esto mientras enfrentaba peligro real — enemigos que literalmente lo rodeaban, según sus propias palabras. Y sin embargo, unos versículos después de esta declaración tan segura, el mismo David suplica: «no escondas tu rostro de mí», «no me dejes ni me desampares». El hombre que dijo «no temeré» es el mismo que, poco después, pide no ser abandonado. No hay contradicción ahí — hay honestidad.
Lo que cambia no es la presencia del miedo, sino dónde se apoya. «Jehová es mi luz» no es una afirmación de que todo se ve claro; es una decisión de a quién mirar cuando nada se ve claro todavía. Y las preguntas que siguen — «¿de quién temeré?», «¿de quién he de atemorizarme?» — no niegan que existan motivos reales para el miedo. Simplemente afirman que ninguno de ellos pesa tanto como aquel de quien David se sostiene.
Eso significa que usted no necesita esperar a que el miedo desaparezca para declarar algo parecido. Puede decir «Jehová es mi luz» con la voz temblando, en medio de la misma incertidumbre que todavía no se resuelve — no como si ya no sintiera nada, sino como una decisión de a quién pertenece mientras todavía siente.
El mismo salmo que empieza con esta valentía termina con un consejo que suena casi dirigido a sí mismo: «Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón». No es una orden para sentir menos miedo. Es una invitación a seguir esperando, un poco más, un día más.
Para pensarlo hoy
- No confunda fe fuerte con ausencia de miedo. David sintió ambas cosas a la vez, y las escribió sin esconder ninguna.
- Declare la cercanía de Dios en medio de lo que aún no se resuelve, no solo después de que pase.
- Permítase también suplicar, como David hizo unos versículos después de su declaración más valiente.
- Recuerde que esperar en Dios es un proceso, no un interruptor que se enciende una sola vez.
