Ama más quien sabe cuánto se le perdonó
Por Giovany Quintero
«Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.»
Lucas 7:47 · Reina-Valera 1909
Simón, un fariseo, había invitado a Jesús a comer. Entonces entró una mujer de la ciudad, conocida como pecadora, con un frasco de alabastro lleno de perfume. Se puso detrás de Jesús, llorando; mojó sus pies con lágrimas, los secó con sus cabellos, los besó y los ungió. Simón lo vio y pensó mal de los dos: de ella por lo que era, y de Jesús por permitirlo.
Jesús responde con una parábola breve: dos deudores, uno con una deuda grande y otro con una pequeña, a quienes se les perdona todo. ¿Cuál amará más? Después compara lo que Simón no hizo (agua para los pies, un beso, aceite) con lo que ella no dejó de hacer. Ella entendía cuánto necesitaba ser perdonada, y por eso su gratitud no cabía en palabras.
Conviene leer bien la frase: Jesús no dice que su amor compre el perdón. La parábola que acaba de contar lo explica al revés: el amor es la respuesta de quien se sabe perdonado. Y al despedirla, Jesús le dice: «Tu fe te ha salvado, ve en paz».
El riesgo para quien lleva tiempo en la fe no es el de esta mujer, sino el de Simón: creer que se le perdonó poco y, por eso, amar poco. Recordar de dónde nos sacó la gracia es lo que mantiene vivo el amor.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre el perdón y la gracia.
Para pensarlo hoy
- Recuerde algo concreto por lo que ha sido perdonada, sin minimizarlo.
- Pregúntese si últimamente ama «poco» porque se ha acostumbrado a la gracia.
- Fíjese en lo que Jesús ve en ella: no su pasado, sino su entrega.
- Haga hoy un gesto concreto de gratitud, aunque nadie lo note.