No necesita ser elocuente, necesita el poder que ya le fue prometido
Por Giovany Quintero
«Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me sereís testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra.»
Hechos 1:8 · Reina-Valera 1909
Billy Graham, uno de los evangelistas más escuchados del siglo XX, predicó a multitudes en estadios de todo el mundo durante más de sesenta años, pero solía insistir en que el poder de esos mensajes nunca dependió de su forma de hablar. Repetía que cualquier creyente, con o sin talento para comunicar, podía ser testigo eficaz, porque la promesa de este versículo no depende de la elocuencia sino de un poder que se recibe, no se fabrica.
Note el orden exacto de la promesa: primero «recibiréis la virtud del Espíritu Santo» («virtud» significa aquí poder), después «me sereís testigos». No dice que el testimonio venga primero y el poder como recompensa; el poder llega antes, como condición, no como premio por hablar bien.
Es fácil pensar que dar testimonio de la fe requiere un don especial de palabra, una formación teológica o al menos no sentir miedo. Este versículo no promete quitarle el miedo ni darle elocuencia: promete un poder que hace posible el testimonio a pesar de ambas cosas.
Graham llegó a hablar frente a multitudes enormes, pero su mensaje central seguía siendo el mismo que cualquier persona podía repetir en una conversación corriente. La promesa de Hechos 1:8 no está reservada a quienes tienen plataforma; es para «en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra» —incluyendo el lugar donde usted está hoy.
Este versículo forma parte de nuestra selección de versículos sobre el miedo y la valentía.
Para pensarlo hoy
- Reconozca que el poder para dar testimonio no depende de su forma de hablar.
- Nombre una conversación donde ha callado por miedo a no saber qué decir.
- Pida hoy el poder del Espíritu Santo antes de pedir las palabras exactas.